El fariseo de la Feria
Una Feria Internacional del Libro que no era una Feria Internacional de libro
Segunda y última parte
En Oaxaca se padece más de hambre que de sed de libros. Los libros, como la pintura o el teatro, son apenas telón de fondo para la grande mayoría; nos les sirve de nada. Saben que estas manifestaciones existen -con el color y folclor de un circo romano posmoderno- pero por lo regular están fuera de su dinámica de inclusión sencillamente porque se tiene que resolver primero el albur de la sobrevivencia diaria.
La Feria Internacional del libro de Oaxaca (FIL) se suma a la internacionalización de ese circo. Es una feria mediocre y que beneficia principalmente al cacique de los libros. Y no es una aventura hacer este pronunciamiento, pues el hecho que vengan algunos cuantos escritores, se presenten libros o se divierta a los niños, no la convierte por defaul en una “feria internacional”. Una feria internacional es mucho más que eso: se negocian derechos de autor, conviven decenas de librerías, se levantan espectáculos profesionales, se desarrolla una dinámica de apertura con el público, hay programas académicos, coloquios, seminarios, múltiples y diversas exposiciones, ofertas de libros y novedades, visitas de premios noveles de literatura, salón de derechos, catálogo de expositores, encuentro de escritores indígenas, por cierto, una imperdonable omisión del organizador de la FIL Oaxaca porque de los escritores invitados ninguno representó la parte plurilingüe de la literatura de la región, a menos que se piense que este fenómeno empiece y termine con Natalia Toledo.
Por eso la pregunta es oportuna: ¿acaso Guillermo Quijas no sabe cómo realizar una verdadera feria internacional del libro? ¿o quizás no le conviene? Lo que no hay duda es que este personaje se pasea por la ferias más importantes del mundo, incluso, su editorial Almadía está favorecida con una de las becas que otorga Francfort a las editoriales independientes. Tal vez, más que incapacidad, aunque no está descartada, sea egoísmo económico, esa enfermedad con escamas amarillas que padecen los avaros.
Una provinciana atávica y muy pretenciosa
La FIL Oaxaca termina justo cuando inicia la FIL Guadalajara, ésta, a todo mérito, sí internacional. La comparación da pena y es terriblemente injusta, pero mientras que en la feria de Guadalajara desfilarán más de 500 autores, 1900 editoriales y unos 200 agentes de derechos de todo el mundo, en la FIL de nuestra ciudad sólo se presentaron 57 escritores, 40 expositores y hubo unas 20 presentaciones de libros, según datos de Ariana González Santos, encargada de Relaciones Públicas y Prensa de la Editorial Almadía para la Feria Internacional del Libro de Oaxaca (nótese quién gestiona las comunicaciones en la Feria).
En una entrevista vía email, González Santos mencionó que 12 expositores quedaron fuera de la FIL por razón de, aunque parezca increíble, “restricciones de espacio”, lo que significó que “no cupieron más stands”. Lo cierto es que las carpas de la Proveedora agandallaron la mayor parte del espacio. Las respuestas de Ariana fueron bien intencionadas, pero no muy en el fondo reflejan los intereses del patriarca. Un detalle sobresale en sus comentarios, a saber, que “se le da preferencia a las librerías oaxaqueñas”. Quizás aquí está el quid del asunto. La Feria debería sobresalir por tener una organizada dinámica local sin ser tan pretensiosa ni homogénea, así evitaría quedar sólo en el arranque de sus ridículas ambiciones. Una Feria local con librarías invitadas de otras partes de México o del mundo imprimiría un sello más honesto y alcanzaría logros más loables, digamos, como era antes que el heredero del profesor Ventura acaparara todo el terreno; una Feria más plural y ganándose a pulso cada una de las virtudes y características que hacen que un coloquio obtenga el reconocimiento internacional. Pero no es así. Además, ese dicho de que “se les da prioridad a las librerías locales”, es medianamente cierto. Sobresale el caso de la librería Grañen Porrúa que, según su directora, Clarisa Toledo, nunca recibió una invitación formal para participar en la Feria. No obstante, esto no significó que la Fundación Harp Helú no participara como uno de los patrocinadores del evento. Hay que agregar además que una librería como la Grañen Porrúa o la Cristal no pueden competir con los saldos que a precio de remate ha ofrecido tradicionalmente la mayor librería de Oaxaca, aunque las reglas actuales “prohiban” ese tipo de competencia desleal.
La información de González Santos es abundante pero no puntual. Al cuestionarle sobre qué reglas entran en juego para que una feria se convierta en internacional, menciona una serie de escritores que han participado desde 2008 (año en que se le dio semejante categoría) de no más de 10 países. Como se mencionó antes, este hecho por sí mismo no hace a que una feria del libro sea internacional. Después de todo existen en el mundo más de 236 países y territorios. En la FIL 2009 sólo destacaron un editor de libros español y una agente de derechos neoyorquina.
Y aun está por considerar los beneficios relativos que una FIL debe ofrecer a su público. Por ejemplo, van dos homenajes -uno por año- a dos periodistas de la revista Proceso; primero fue para su fundador, Julio Scherer García, y ahora al columnista, Miguel Ángel Granados Chapa. Por esta gentileza, por utilizar un noble término, se esperaría una condescendencia de parte de la revista citadina para sus lectores oaxaqueños, tal como lo hace cuando ofrece descuentos de suscripciones en las ferias de Monterrey o Guadalajara. Otra vez, no es así. La participación de Proceso es meramente simbólica, con un módulo donde ofrecen puros ejemplares atrasados. Ni siquiera se presentó el periodista Ricardo Ravelo para “hablar sobre el narcotráfico en México y cómo contarlo mediante el periodismo literario”, como lo anunciaba el programa.
El formato acartonado que la FIL Oaxaca tiene todos los años para la presentación de los libros resultó que en la mayoría de estas hubieran pocos concurrentes. La contratación cómplice de prebostes para las mesas de presentación y que parecen dictar “misas” le restan frescura y le dan un aire de odiosa intelectualidad. A los lectores o concurrentes sólo se les invita a hacer preguntas al final.
Se agregan los retos que profiere siempre desde el estrado esa especie de Rasputín de Almadía, Leonardo da Jandra. Bien le vendría a la Feria prescindir, por lo menos un año, de estos epígonos que se alimentan del recurso de los patrocinadores, ¿o será que lo hacen sólo por amor al arte y la utopía?
La FIL 2009 de Oaxaca, ha resultado una vez más en una exhibición despótica, pretensiosa, que al parecer sólo busca los intereses de unos cuantos, si no acaso de uno solo.



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