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¿Quiere usted la salvación de…?

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Los detectives salvajes de Roberto Bolaño inicia con un epígrafe de Malcolm Lowry que a los cristianos, supongo, no haría tanta gracia: «—¿Quiere usted la salvación de México? ¿Quiere que Cristo sea nuestro rey? /—No». La respuesta del locutor destinatario es grave, porque el «No» va dirigido a ambas interrogantes del locutor remitente, y la primera cuestión es la que determina el punto focal, es decir, la salvación para México. La segunda pregunta refiere a una categoría abstracta, a un dogma de fe, por tanto, está hecha con dolo: no puede ser nuestro rey quien no tiene una presencia física en el enrevesado mundo mexicano. Si acaso existiera probabilidad para salvar este país, aparte de cianurarnos todos, la solución tendría que estar en algo concreto y, aunque complicadísimo tema, esa posibilidad está en la Educación (me refiero a la instrucción, al aprendizaje que se recibe de la acción docente). Sin embargo, lo único que veo en ese sector es que ‘avanzamos’ a trompicones. Soy fatalista (como bien me definió un tío mío, porque no veo salidas a nuestros males sociales por ninguna parte) y me cuestiono: ¿acaso este país deja otra posibilidad distinta del pensar fatal?
Nuestro horizonte educativo cada vez es más sesgado. Conservo un libro de mi madre para el segundo curso de secundaria: La lengua española a través de selectos autores de México y de otros países hispanoamericanos (1963, décima edición) de María Edmée Álvarez, con un sentido de la Gramática que yo, infaustamente, no alcancé cursar, se me figura que los ‘diestros’ de la educación habrán determinado que ese conocimiento era excesivo para el nivel destinado. Edmée Álvarez emplea párrafos para explicar las oraciones simples (no un sólo enunciado que promueve un acto mecánico del uso de la lengua, alejado del entendimiento lógico de la estructura sintáctica); textos completos de autores como «La rosa blanca» de José Martí para ilustrar los complementos de las oraciones simples y demostrar que la lengua (como en el caso de los párrafos), además del empleo en el habla oral y la escritura cotidiana, tiene un uso real en otros sistemas discursivos, en este caso el literario.
El libro de la pedagoga, lo dice el prefacio, aspira (y se cumple) «ser útil y agradable». La Gramática, comentario de Ida Appendini en el mismo texto, «se vuelve afable, humana, placentera». Sin mencionar la palabra competencia (hoy actualísima en el sistema educativo mexicano desde los niveles básicos y adoptado por algunas universidades, la de Campeche entre ellas), el sentido didáctico de la obra de Edmée Álvarez, promueve por sí mismo aptitudes prácticas para el uso de la lengua; si a ello se agrega la explicación cabal de un docente competente y hábil en estrategias pedagógicas, los estudiantes que ingresan a la licenciatura tendrían un correcto uso de la lengua y un avance considerable en el desarrollo lógico del pensamiento. Mas todas estas elucubraciones son meras fantasmagorías, pues los estudiantes del nivel secundario y los de bachillerato no se forman con textos elaborados al estilo de Edmée Álvarez.
Con intención dije en el párrafo de arriba que el concepto competencia es de amplia actualidad en el país, pero no nueva en el diccionario. La Universidad Autónoma de Campeche (UAC) no se sustrajo, como lo han hecho otras universidades, al Modelo Educativo basado en Competencias (una ‘actualización’ del modelo Tuning de la Unión Europea). Debe saberse que recién en 2006 se echó a andar otra propuesta educativa, necesaria en ese momento, caracterizada por la flexibilidad, esto es, la inclusión de cursos opcionales que facilitarían el intercambio académico estudiantil, pero hoy ya no tiene caso evaluar ese proceso que, por cierto, no pudo desempeñarse con la planeación debida a falta de estructura administrativa. La primera ‘competencia’ mostrada por la UAC con el nuevo modelo basado en competencias fue la dictatorial: en diciembre del año pasado se convocó a los profesores de tiempo completo para presentar un hecho consumado, los convenios institucionales con el grupo consultor que, desde entonces, ‘instruyen’ a los docentes en la modificación de los planes de estudio del bachillerato y de las licenciaturas (sobra traer la palabra respeto y seriedad universitaria). Es el modelo educativo realizado a cortísimo plazo del que tengo razón (desde mi ingreso laboral a la universidad hace ya algunos años), pues se ha puesto en marcha desde el inicio del año escolar en curso.
El grupo consultor, psicólogos de formación algunos de ellos, contratado para la capacitación a los docentes en el modelo educativo en cuestión, dicen tener claro el sentido de competencias y su aplicación en la formación universitaria, los ejemplos para explicar el sistema basado en competencias siempre fue en referencia a las licenciaturas que son per se prácticas. Pero en las áreas humanísticas, en específico la literaria, no hay tal claridad meridiana de los asesores, porque la practicidad de la literatura no es como abrir una puerta, su sentido útil reside en cambiar tu visión del mundo, en otorgar sentido al entorno sociocultural. Esta falta de entendimiento de ciertas áreas humanísticas es un problema que se muerde la cola, pues su origen reside en el sistema de Educación que se imparte. Bueno sería que del mismo modo en que se pretende probar la utilidad literaria (aunque la tenga, pero de otra naturaleza), las demás áreas del conocimiento, en un acto de reciprocidad necesaria (muy necesaria), trocaran en afables y humanas.
En lo que a los profesores universitarios toca, pese a la forma abrupta de integrarlos a otro modelo educativo, aceptaron todo lo que se les impuso, olvidaron la esencia universitaria. No hay reticencia docente, por lo menos evidente, al modelo en aplicación, ahora, si se lleva a cabo dentro del aula es otro problema. Los alumnos del nivel licenciatura (supongamos que el modelo por competencias tiene aplicación en el aula) se enfrentan a otra dinámica de trabajo: al pensamiento por asociaciones lógicas. No quiero decir que sea imposible instruir a los estudiantes a pensar de otro modo, pero es una ardua tarea y toca esperar el paso de varias generaciones para saber los resultados, si es que los intereses políticos del país no destinan mudar de plan educativo.
Ahora bien, una institución que migra a un sistema educativo por competencias, supongo que está consciente de su fortaleza institucional, pues (utilizo una imagen manida), como los padres a los hijos, su ejemplo es la mejor prédica. En ese sentido, la Autónoma de Campeche tiene que reestructurar proyectos y crear otros: reorganizar el departamento de publicaciones, contar con un consejo editorial de profesionales y proponer ediciones que traspasen lo puramente local, si se quiere tener presencia entre los medios universitarios; efectivar el intercambio académico de docentes y estudiantes; ofrecer a la comunidad una feria del libro hecha con profesionalismo; poner en funcionamiento el departamento de Difusión Cultural anquilosado desde hace un tiempo que, excepto por el cine club, no promueve la cultura.
De inicio dije que la Educación en México va dando tropezones, va a paso de cangrejo. Hasta hoy Educación y mundo cotidiano siguen disgregados, eso se refleja en el entorno social. Francamente, no entiendo bien a bien la política educativa basada en competencias, cuando aún no se logra la anexión entre Educación y realidad; hace algunos añares se puso de moda (también idea proveniente de Europa) la frase educar para la vida y, no es una invención mía, la realidad del país va a peor. Se vive (lo definió así el historiador y economista, Carlos Aguirre Rojas) en una escandalosa desigualdad social (y mi memoria trae a Ryszard Kapuściński que estuvo en México y en otros países de América Latina), en un mundo dividido, atomizado, donde la desigualdad genera odio, frustración o resignación. No sé cómo hará el sistema formativo por competencias para aminorar los dos géneros de corrupción: la riqueza y la pobreza, porque, hasta ahora, las distintas propuestas de educación si bien no los generan, tampoco los han aminorado. (Entonces, ¿qué función cumple la Educación?)
Cada vez me siento en un país de caricatura (y en un Estado caricatura de la caricatura, sobran los motivos, pero no vienen al caso) donde la posibilidad de la imposibilidad sí es posible, y el absurdo la esencia de esas posibilidades. Siempre pensé que la Educación era el medio para transformar el orden de las cosas, para cicatrizar las venas abiertas de los malestares sociales, pero los soterrados intereses del sistema están ahí para mantener el eterno retorno de un sistema envilecido de poder. Mas (imito al narrador de La virgen de los sicarios de Fernando Vallejo) no defiendo a nadie, todos somos culpables: los mexicanos (vuelvo a Kapuściński) «saben aguantar, pero no saben cambiar». Para la mayoría (hombres y mujeres), un partido de futbol resulta más importante que un cambio de gobierno, trazan conjeturas, debaten en cotidiano sobre uno y otro equipo y no son capaces de racionalizar sus votos en las urnas. Los que se las dan de progresistas (sigo con Kapuściński) «atacan a los ricos, al capital extranjero, hablan de la miseria de unos y de la riqueza de otros, pero luego no hacen nada; los embriaga la palabrería, el discurso vano los consume». La habilidad camaleónica de los intelectuales es asombrosa, empiezan en la izquierda y terminan en la derecha. En suma, la construcción social de la realidad mexicana es enrevesada, me viene un caos a la cabeza cuando pretendo ver alguna luz en el horizonte, no sé si consolarme con las palabras de Carlos Monsiváis: «Vivimos una época muy difícil. El único consuelo es que lo que viene será peor […] el pasado sí es mejor, por la sencilla razón de que ya no existe».
—¿Quiere usted la salvación de México? ¿Para qué?

Colaboración especial de la revista En Tierra de Todos.

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argentina casanova en 11/01/2010 11:46:35
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Muy acertado y un análisis justo de la realidad. Felicidades
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Aída Alcalá Campos en 14/01/2010 00:41:52
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La total realidad de México. Un artí**** de opinión muy, pero muy valiente. Siempre la verdad causa escozor; aunque, como dice Kenia Aubry, el gobierno ni se inmuta, y es que le importa tanto la educación que la envilece, la distorsiona para que sigamos siendo la masa en el puño del cocinero que nos moldea a su antojo.
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