Aspirantes a presidencias municipales
Como era de esperarse, los políticos oaxaqueños que desempeñaban cargos en el gobierno del estado han dejado sus trabajos para buscar una candidatura en el proceso electoral estatal de este año.
Comúnmente los políticos han señalado a lo largo de la historia que su “compromiso” con el bien de la sociedad los lleva a buscar mejores puestos de elección popular, pues estando en lugares con mayor poder podrán incidir para que la sociedad mejore.
En los últimos años, ante las críticas de ineficiencia gubernamental que la sociedad civil señala a los políticos que “brincan” de un puesto en la administración pública a otro o que van de un puesto de poder a otro, los políticos mexicanos, especialmente aquellos que viven en territorios autoritarios, agregaron una serie de argumentos al discurso que intenta legitimar su actuación de “trapecistas” que se pueden resumir en la típica frase de “en una democracia, todos los políticos tenemos el derecho de buscar mejores puestos de poder, la sociedad lo demanda”. La cuestión no es que busquen otros puestos, sino saber qué pasa con el puesto que dejan.
Treinta y cinco funcionarios de la actual administración estatal han abandonado sus respectivos cargos. ¿Qué va a pasar con estas dependencias que se quedan acéfalas? Sin duda alguna, estas dependencias sólo estarán operando administrativamente, pero de ahí a que realicen una función para mejorar a la sociedad oaxaqueña hay una gran diferencia.
Después de ver la manera en la que se han ido, que hasta un sábado han ocupado en el que la sociedad deja de informarse, sólo queda decir que los funcionarios tienen interés en mejorar a la sociedad oaxaqueña, pero la realidad demuestra que ni siquiera tienen la intención de terminar el trabajo al cual se comprometieron a desempeñar, pues al abandonar las dependencias, la nueva persona que llegue sólo buscará que los burócratas no se rebelen y que no exista una desaparición de los recursos entre aquellos trabajadores que saben cómo se opera la institución.
Ahora que empiecen las campañas electorales los discurso de todos aquellos que busquen el poder girarán sobre la experiencia que tienen y sobre el gran trabajo que hicieron en las dependencias que tuvieron a su cargo, pero no se atreverán a decir que las dejaron por el “hambre de poder”.
Hace falta una reforma en las leyes electorales que reglamente y señale que todos aquellos que ocupan un cargo de primer nivel en la burocracia o desempeñan un puesto obtenido por elección popular no puedan participar en los procesos electorales hasta que acaben su responsabilidad.
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