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Hacia una sociedad democrática (IV)

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Las elecciones del pasado 5 de julio nos dejan varias señales que son necesarias analizar y tomar en cuenta si es que verdaderamente deseamos avanzar hacia una sociedad democrática.
En primer término, el fenómeno del abstencionismo (cerca del 60%) por una parte, y el voto nulo por la otra, nos dan un claro indicio de que los ciudadanos, en su gran mayoría, no se sienten identificados con los diferentes partidos políticos que participaron en la contienda, ni se sienten partícipes en los procesos de selección interna.
La otra señal importante que nos envían los resultados es que el partido de la derecha que está en el poder federal ha defraudado las expectativas que tuvieron quienes les dieron su confianza en el 2000 y en el 2006.
Esto quiere decir que los militantes de la derecha o reacción no tiene proyecto viable de nación y, durante los años en que fueron oposición, sólo consideraban al poder como un botín para satisfacer sus particulares y egoístas intereses.
En cuanto a los desastrosos resultados de la llamada izquierda, debemos concluir que siendo un partido con los antecedentes más antiguos no ha superado la etapa de la intolerancia que caracterizó a los viejos partidos comunistas de todo el mundo, en los que las divisiones y expulsiones siempre estuvieron a la orden del día.
Ante este panorama, los electores le dieron su confianza en forma mayoritaria al Partido Revolucionario Institucional, que se consolidó como la primera fuerza en el país. Lo anterior posiciona al PRI como un factor real de poder que puede ser decisivo en los próximos procesos electorales, especialmente en la elección presidencial del 2012.
Desde luego, lo anterior es sólo una posibilidad, pues la ciudadanía no otorga cheques en blanco. Los resultados de cada proceso están determinados por diferentes factores de tipo político, económico o social. En España, por ejemplo, las tendencias se revirtieron a consecuencia de las declaraciones desafortunadas del presidente Aznar con motivo de los atentados terroristas en las estaciones del metro.
Para quienes hemos estado atentos al desarrollo político de nuestra sociedad, los resultados de ninguna manera fueron sorpresivos. Las encuestas más serias que se dieron a conocer en los días previos a la elección constituyen el ejemplo más contundente, en el sentido en que se iba a comportar el electorado.
Sólo la soberbia del dirigente panista le hizo creer que los resultados serían favorables a la derecha. Los desatinos de este gobierno, la mala administración, la falta de programas que hagan frente a los grandes problemas del país, y además la estridencia y agresividad innecesaria y ridícula del supuesto líder panista, no podían más que dar los resultados que sólo a ellos sorprendieron. 
El PRI, al obtener la mayoría en la Cámara de Diputados, adquiere una gran responsabilidad. Los ciudadanos esperan que promueva las reformas fundamentales. Con el actual régimen electoral y de partidos no es posible avanzar en el camino de la democracia. Se requiere la confianza de los ciudadanos y la participación activa en la toma de decisiones. En una palabra, la democracia sólo se empieza a construir cuando verdaderamente el pueblo siente que es parte activa en el desarrollo social.
La democracia no se consolida obteniendo una mayoría relativa de una minoría; sino dando a los ciudadanos la certeza de que su opinión cuenta. Si los representantes no son electos por la verdadera mayoría ciudadana, difícilmente se podrá decir que representan al pueblo.
La legislatura que habrá de instalarse el 1 de septiembre tiene enfrente retos importantes que asumir; ya que la mayor responsabilidad es de quienes constituirán la mayoría.
El PRI debe presentar a la nación un proyecto verdaderamente democrático y consolidarlo con las reformas necesarias. Debemos avanzar en muchas facetas de la democracia. Y la tarea es urgente. El PRI no debe caer en una actitud de complacencia o de soberbia y creer que todo está ganado para siempre; sino adoptar una actitud de autocrítica objetiva, responder a la confianza que ahora le otorgó la ciudadanía. Se debe hacer, no sólo por los priistas, sino porque la sociedad lo está demandando.  

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Lucila Baños Santillàn en 27/05/2010 14:58:26
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que bueno que sigues igual de lucido en tus planteamientos, felicidades.
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