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José Vasconcelos (V parte)

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Lo primero que hizo Vasconcelos al asumir la rectoría de la Universidad Nacional, fue definir su política educativa, que quedó enunciada en cinco circulares, fechadas en junio de 1920.
La primera de estas circulares plantea la campaña contra el analfabetismo, y explica los motivos y objetivos que persigue.
Todas las publicaciones que se hicieron entre 1910 y 1920, y que se ocupan de los problemas de la educación, coinciden en el grave analfabetismo que imperaba en México y que, obviamente, se consideraba el gran obstáculo para el desarrollo económico, social y cultural del país; sin embargo, no se realizó ningún esfuerzo en contra de de este flagelo que afectaba a más del 80 por ciento de la población.
En 1920 el Congreso Nacional de Profesores de Enseñanza Básica manifestó su preocupación por la elevada tasa de analfabetismo. De ahí que Vasconcelos se haya preocupado por este problema que, aunque no era competencia de la universidad, quiso desde entonces promover un gran movimiento para infundir entusiasmo y propiciar la participación para abatirlo.
Ante la inexistencia de políticas de alfabetización, y sin la posibilidad todavía de contar con un ministerio de carácter nacional, Vasconcelos apeló entonces a la buena voluntad individual. 
Dice Claude Fell, en el libro José Vasconcelos, los años del Águila: “La campaña contra el analfabetismo sigue entre 1920 y 1924, dos orientaciones complementarias: en un primer momento, la campaña depende en gran medida de colaboradores voluntarios y de la iniciativa privada; sus objetivos son más extensivos que intensivos, y los medios con que cuenta son limitados y fragmentarios; su desarrollo es algo desordenado y sus resultados pecan con demasiada frecuencia de efímeros y engañosos, pese a la buena voluntad de los alfabetizadores y de sus ‘alumnos’. La segunda fase de la campaña corresponde a una toma de conciencia, por parte de los principales responsables de la SEP, de la complejidad, del costo y de los aspectos técnicos del problema; se observa entonces un esfuerzo de organización de medios y de personal, una especie de resurrección de la ‘escuela rudimentaria’, y una reafirmación del papel primordial que tienen en ese campo los ‘maestros ambulantes’”.
Lo cierto es que esas cinco circulares constituyen el primero de los muchos llamados que Vasconcelos hizo a los mexicanos entre 1920 y 1924. Pretendía involucrar a la nación entera en una empresa de regeneración nacional y no solamente a los funcionarios e intelectuales.
Hubo detractores que calificaron este empeño de Vasconcelos como acciones demagógicas encaminadas a ganar apoyo para la política obregonista. Lo que Vasconcelos quería, ya como Secretario de Educación Pública, era llamar la atención en el sentido de que esta cuestión era responsabilidad de todos los mexicanos; por ello deseaba movilizar a la opinión pública en ese sentido.
Los periódicos apoyaron en forma decidida esta empresa, y así la prensa dio cuenta de los resultados espectaculares y menciona los nombres de algunos alfabetizadores. Se realizaron encuestas interesantes sobre cómo se estaba penetrando en los barrios miserables de las grandes ciudades y en muchas regiones aisladas, olvidadas, e ignoradas hasta entonces.
Pero, al mismo tiempo que se trabajaba, surgieron dificultades: Vasconcelos y sus colaboradores se dieron cuenta de que una empresa de esa magnitud no pueda basarse sólo en el trabajo voluntario, que no es fácil convertir a un ciudadano con cierta cultura en alfabetizador, y que, además, una campaña de esa naturaleza debe respaldarse en una serie de acciones de propaganda profunda y amplia, en el sentido de que la alfabetización de infantes y adultos debe sujetarse a distintas metodologías y de que la adquisición de conocimientos básicos sería insuficiente si no se completaba con conocimientos técnicos y profesionales, pues la alfabetización no era un fin en sí misma, sino que debía formar parte de un vasto proyecto y, por tanto, se requería personal numeroso y medios materiales, por lo que, lógicamente, resultaba costosa.
En esta etapa Vasconcelos contó con la participación activa en todo el país de trabajadores voluntarios y colaboradores en la alfabetización, como Abraham Arellano y Eulalia Guzmán, así como con la experiencia de Ezequiel A. Chávez.
Vasconcelos comenta que eran los miembros del cuerpo docente quienes mejor respondieron, pues numerosos profesores de primaria duplicaron sus labores, pero “era necesario que en esa campaña participaran todos los hombres y mujeres de buena voluntad”
En otra parte del libro citado de Claude Fell, dice: “La regeneración del pueblo mexicano por la educación y la cultura implica, pues, una ética basada en la abnegación, en la renuncia, en el sacrificio; todo beneficio personal, toda vanidad, todo deseo de sobresalir, deben pasar a segundo término, tras la voluntad general de promover la elevación material y moral –sobre todo moral- de la nación mexicana”.
Tales son las bases sobre las que Vasconcelos edificó, en esos años, su gran obra educativa.

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